Observamos con mucha preocupación algunas tendencias muy claras y contraproducentes que se están manifestando en países de Latinoamérica con mucha fuerza en el último tiempo. Tienen que ver con organizaciones estructuradas bajo un propósito de presión. Su filosofía consiste en obtener más mediante la amenaza y cuando ésta no surte efecto, proceden sin ninguna consideración a violar las leyes y aplicar la violencia, como toma de lugares productivos y llegando a quema de camiones o instalaciones. Esto es respaldado por declaraciones en las que se reconoce que están dispuestos a ir más allá de la ley para hacer valer su punto de vista.
A mi, eso me parece una aproximación del siglo XIX. Profundos desajustes remanentes de la revolución industrial tal vez hacían necesarias esas actitudes. Todos estaban aprendiendo a vivir en un nuevo mundo y se tenían que definir nuevos arreglos.
Pero el siglo XXI se caracteriza prioritariamente por la información, no por la labor física. El computador ha reemplazado a la pala. Las ciudades a los campos. El desarrollo y la creación intelectual, a las grandes construcciones de fábricas con chimeneas. Muchos de los productos de la Era de la Información no son físicos y pueden viajar a través de la Internet.
Hace dos generaciones, un ingeniero podía egresar y hacer una carrera de toda una vida en una empresa y para mantenerse vigente, bastaba con que leyera algunas revistas técnicas. Hoy el mismo ingeniero tiene que hacer al menos un posgrado formal y mantenerse atento a la evolución de la tecnología permanentemente mediante los muchos medios existentes. Hoy lo más probable es que tenga una cantidad de empresas y puestos de trabajo en su currículum y no uno sólo, como nuestros abuelos. Hoy, lo más probable es que haya cambiado su especialidad drásticamente al menos una vez en su carrera. Hoy lo más normal es que, en vez de llegar a puestos en los que hay que aprender, se llega a crear desde cero y eso, por un par de años, porque después, lo más probable es que esa estructura quede obsoleta y haya que empezar de nuevo.
Parece caótico, en realidad es dinámico. Siempre que se entiendan algunos principios.
La tónica es el cambio. La clave es la información. El medio el la comunicación. El ambiente son las redes.
No se puede mantener una situación mediante la fuerza, mucho menos retrotraerla al pasado. Esos esfuerzos asistémicos, lo único que hacen es perjudicar a los afectados. Pero no sólo a los terroristas laborales, sino que al país completo. El mundo no va a volver a otro instante del tiempo, sólo porque le acomoda a unas cuantas personas.
Veamos la otra cara de la moneda.
Un enfoque abierto, multidisciplinario, más inquieto; provocando y abrazando el cambio, más que oponiéndose a éste. Una investigación de las situaciones, estudio de antecedentes y desarrollo de herramientas, enfoques y estrategias específicas, más que amarrarse a una especialidad y a un trabajo fijo de por vida.
La permanente creación de nuevas condiciones, de acuerdo a la evolución de la situación del medio, del mercado y de la realidad propia, más que el aferrarse a glorias pasadas.
Una persona que está apasionadamente impulsado para crecer, para cambiar, para ayudar a que otros crezcan y cambien. Para encontrar caminos que lleven a resultados distintos, con parámetros que hace un par de años ni siquiera existían.
Un profesional que domina datos duros, pero sobre todo, sabe donde encontrar los que aparezcan faltando para una nueva condición. Pero al mismo tiempo, es sólido en competencias blandas, como es el trato con otras personas, trabajo en equipo y liderazgo para llevar esos equipos hacia un objetivo que se ve imposible y más encima, cambiante.
Una persona que no necesita algo tan discutible como la motivación, simplemente porque el se apasiona por lo que hace, tiene a “los dioses dentro del cuerpo” y no necesita que nadie lo impulse hacia ningún lado, porque el mismo es una fuente de energía.
Una persona que crea futuros, que maneja realidades, resuelve los problemas de la sociedad y crea direcciones y caminos para un país, para su empresa y para su familia.
Una persona como esa no necesita de presiones, usa el convencimiento. No necesita de leyes que lo protejan, no está en condiciones de ser protegido. No necesita que lo motiven, tiene su propia pasión. No necesita de sistemas que garanticen su futuro, él crea su futuro. No necesita que lo “manden” a estudiar, el ejecuta permanentemente un sistema de mejora continua que, entre otras cosas mantiene actualizados sus conocimientos permanentemente.
¿Eres un profesional con mentalidad del siglo XIX o uno del siglo XXI?
Víctor Benavente Pierret
Santiago, 13 de febrero de 2008
lunes, 17 de marzo de 2008
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